Fracaso escolar, Fracaso social
El informe PISA 2003 citado en Ros(2005), muestra que los resultados de los jóvenes españoles de 15 años en ciertos aspectos del conocimiento dejan que desear. Según Ros (2005) el abuso escolar se ha convertido en una cuestión preocupante. La competencias en lectura, comprensión oral y escrita y matemática son deficientes en los jóvenes españoles. No nos caracterizamos por ser tener la proporción más alta de incompetentes pero tampoco por la proporción más alta de excelentes. Esto quiere decir que los jóvenes de esta sociedad son del montón, son e montón.
A la hora de buscar soluciones, según Ros (2005) algunos piden mayores recursos económicos para las escuelas, otros piden rebajar la relación del número de alumnos por profesor o por aula.Por otro lado, algunos solicitan la presencia de trabajadores sociales en el contexto escolar, orientadores, tutores, menos asignaturas, menos profesores especialistas...
Según Ros (2005) la educación es un derecho personal que lleva implícito el deber de formarse. El deber de formación vincula a todas las instituciones sociales: la persona sujeto del derecho a la educación, la familia y otras que configuran la sociedad.
La Declaración Universal de Derechos Humanos dice que la persona tiene deberes respecto a la comunidad puesto que en ella puede desarrollar libremente su personalidad y en total plenitud.
Ros (2005) considera que en España el derecho a la educación está satisfecho, en cambio la sociedad ha puesto mucha atención desde 1970 a este aspecto. Entre los 3 y los 16 años la población está escolarizada al 100 % y entre esta última y los 18 años al 83 %.
Ros (2005) piensa que para explicar el fracaso escolar deberíamos preguntarnos si estamos cumpliendo con el deber, la obligación social y personal de formación. En primer lugar, abría que valorar si el alumno, titular del derecho a la educación, está poniendo todo su esfuerzo y voluntad para responder adecuadamente al derecho reclamado. En segundo lugar, debemos conocer si las familias están dando respuesta al deber que tiene educar a los hijos, es decir, de aportar criterios para ordenar sus hábitos y actitudes. En tercer lugar, es necesario conocer si la sociedad en conjunto, y sus estructuras en particular, cumplen con el deber de prestar formación a los jóvenes. En último lugar, es correcto analizar si la estructura académica del sistema conoce el deber de facilitar a los jóvenes la atención personalizada, si satisface sus intereses, necesidades, y aptitudes.
Ros (2005) calcula que con estos cuatro elementos bien tratados se podría erradicar el fracaso escolar y por tanto, social.
A la hora de buscar soluciones, según Ros (2005) algunos piden mayores recursos económicos para las escuelas, otros piden rebajar la relación del número de alumnos por profesor o por aula.Por otro lado, algunos solicitan la presencia de trabajadores sociales en el contexto escolar, orientadores, tutores, menos asignaturas, menos profesores especialistas...
Según Ros (2005) la educación es un derecho personal que lleva implícito el deber de formarse. El deber de formación vincula a todas las instituciones sociales: la persona sujeto del derecho a la educación, la familia y otras que configuran la sociedad.
La Declaración Universal de Derechos Humanos dice que la persona tiene deberes respecto a la comunidad puesto que en ella puede desarrollar libremente su personalidad y en total plenitud.
Ros (2005) considera que en España el derecho a la educación está satisfecho, en cambio la sociedad ha puesto mucha atención desde 1970 a este aspecto. Entre los 3 y los 16 años la población está escolarizada al 100 % y entre esta última y los 18 años al 83 %.
Ros (2005) piensa que para explicar el fracaso escolar deberíamos preguntarnos si estamos cumpliendo con el deber, la obligación social y personal de formación. En primer lugar, abría que valorar si el alumno, titular del derecho a la educación, está poniendo todo su esfuerzo y voluntad para responder adecuadamente al derecho reclamado. En segundo lugar, debemos conocer si las familias están dando respuesta al deber que tiene educar a los hijos, es decir, de aportar criterios para ordenar sus hábitos y actitudes. En tercer lugar, es necesario conocer si la sociedad en conjunto, y sus estructuras en particular, cumplen con el deber de prestar formación a los jóvenes. En último lugar, es correcto analizar si la estructura académica del sistema conoce el deber de facilitar a los jóvenes la atención personalizada, si satisface sus intereses, necesidades, y aptitudes.
Ros (2005) calcula que con estos cuatro elementos bien tratados se podría erradicar el fracaso escolar y por tanto, social.
Ros, J. M.
(2005). Fracaso escolar, fracaso social. Aula de innovación educativa, (139),
20-21.

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