LA DESVINCULACIÓN O EL DESENGANCHE A LA INSTITUCIÓN ESCOLAR


Actualmente, podemos observar como el absentismo o abandono escolar es cada vez más frecuente, sobre todo en los adolescentes. Fernández Enguita, Mena y Riviere (2010) muestran que este problema no se trata de un fenómeno nuevo que haya surgido en la actualidad. Sin embargo, sí que se ha convertido en un tema crucial en las últimas décadas debido a que cada vez es mayor el número de alumnos que abandonan la institución escolar. Esto es así debido a que existe un problema que es la desvinculación generalizada de los adolescentes o desenganche respecto a la institución escolar (Fernández Enguita, 2011). Este término puede ser llamado por otros autores de diferentes formas: según Ballion(1995), citado en Fernández Enguita (2011) desmovilización; según Glasman (2000), citado en Fernández Enguita (2011) puede llamarse descuelgue; según Rumberger (2001), citado en Fernández Enguita (2011) puede llamarse desenganche; según García Gracia (2001), citado en Fernández Enguita (2011) puede nombrarse también como absentismo virtual; según Blaya (2003), citado en Fernández Enguita (2011) absentismo interior; según Coulon (1993), citado en Fernández Enguita (2011) como no afiliación, etc. Como observamos y tal y como dice Fernández Enguita (2011) el fracaso escolar se trata de un fenómeno multiforme en el que ni si quiera existe un consenso terminológico ya que como vemos podemos encontrar diferentes formas de nombrar este fenómeno.
De acuerdo con los datos del Injuve (España, 2000) citado en Fernández Enguita (2011) observamos que tal y como hemos dicho anteriormente cada vez hay menos jóvenes dispuestos a continuar con sus estudios, esta proporción cayó entre 1996 y 2000: pasando del  93 al 62% en los adolescentes de 15 a 17 años, del 70 al 40 entre los jóvenes  de 18 a 20 y del 54 a 34 entre los de 21 a 24.
Fernández Enguita et  al. (2010) señalan que en 2010 todos los países de la Unión Europea deberían reducir la tasa de fracaso escolar a la mitad con respecto a la de 2000, donde se alcanzó un mínimo histórico de un 29, 1 % por lo que el objetivo de España era reducir dicho porcentaje hasta un 14,5 %.  Sin embargo, esta tasa se aumentó a un 31,9 %.

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